XXV Aniversario Código Deontológico. Rafael Catalá, ministro de Justicia

Foto: ©Fernando_Sanz

En primer lugar, os quiero agradecer la invitación a este acto. Es para mí un honor acudir a este evento en el que se dan cita grandes profesionales de los medios de comunicación, como los aquí presentes
Quiero trasladar a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) y a la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo, mi enhorabuena por la celebración del XXV aniversario del Código Deontológico del Periodismo.
Esta celebración es un motivo de orgullo para vuestra profesión. Y lo es por dos razones.
1) En primer lugar, porque a lo largo de estos veinticinco años, no sólo habéis logrando mantener los valores más esenciales de la ética profesional, sino que estáis siendo capaces de adaptar estos principios a los cambios tecnológicos que demanda el siglo XXI. Así quedó de  manifiesto en vuestra Asamblea Ordinaria celebrada en Mérida en abril del pasado año (2017). Y así se observa en las distintas actividades de información y divulgación que tanto a través de FAPE como de la Comisión de Arbitraje, estáis poniendo en marcha.
2) Y en segundo lugar, por la incansable labor de profesionalidad y de defensa del derecho a la información que venís ejerciendo durante estos 25 años. Y esto lo digo con conocimiento de causa, porque como ministro de Justicia me consta vuestro compromiso incansable con los asuntos que os atañen como profesionales. Así lo demostrasteis en junio de 2015, en plena  tramitación de la LECrim. Fue tras una reunión de trabajo conjunta,  cuando comprobé que si algo había innegociable para este sector, era cualquier medida cuya interpretación pudiera afectar a la libertad de información. Colaboramos y nos comprometimos a respetarlo como Derecho Fundamental que es, y así se hizo con la aprobación final de la norma.
Os reitero mi felicitación por haber guiado la profesionalidad de un sector tan relevante para la sociedad. Y por proteger uno de los elementos básicos sobre los que se han construido las democracias actuales. Así lo expresó Víctor Hugo al afirmar que “La prensa es el dedo indicador de la ruta del progreso”.
DEONTOLOGÍA Y PERIODISMO:
Hablar de Deontología es hablar de esa esfera de libertad que posee el hombre y que sólo está sujeta al dictado de su conciencia.
El origen de esta ética profesional se remonta a hace casi dos siglos, en 1836, cuando el filósofo inglés Jeremy Bentham publicó su afamada obra “Deontología o Ciencia de la Moral”.  Esta obra sólo puede entenderse en el contexto liberal de su época y en el reconocimiento de libertades civiles y políticas hasta ese momento desconocidas, entre ellas, la libertad de pensamiento, expresión y prensa.
No es casual que el periodismo, que se consolida con el paso del siglo XIX al XX, fuera uno de los sectores profesionales que de forma más temprana impulsó este tipo de códigos de conducta éticos, que se generalizaron en las primeras décadas del siglo XX. Lo cual respondió a dos razones fundamentales:
1. La creciente sociedad de masas (y su proceso de urbanización y alfabetización).
2. La cada vez mayor influencia de los medios de comunicación en la conformación de la opinión pública.
La pretensión de este tipo de Códigos fue garantizar que toda información respondiese siempre a los principios de veracidad, profesionalidad y respeto a la intimidad de las personas. Que la “e x c l u s i v i d a d i n f o r m a t i v a ” no vulnerase el derecho a una información cierta y de calidad.
Hago este recorrido no de forma casual, sino para llegar a la siguiente cuestión: pasados casi dos siglos, y con el impacto de una revolución tecnológica casi inimaginable hace unas décadas,  ¿siguen estando vigentes esos principios a día de hoy? O por el contrario, ¿está poniendo  a prueba esta revolución tecnológica el esquema tradicional?
En los últimos tiempos, asistimos a episodios en los que la veracidad de ciertas informaciones ha sido puesta en tela de juicio.
Una crítica fácil sería afirmar que el sector del periodismo está en crisis, que no se analiza suficientemente la información, que no se contrastan las fuentes, etc. Sin embargo, el escenario es mucho más complejo.   Como ejemplo más inmediato, nosotros mismos: somos fuente de información con nuestro móvil, con nuestra tablet, a través de las redes sociales, etc. Pero no solamente fuente, también somos emisores, receptores y editores de datos.
En esta línea, podemos recordar a Marshal McLuhan, cuya aseveración, hace ya más de medio siglo, de que “ El medio es el mensaje ” es hoy más cierta que nunca. Pero si hoy el mensaje es la posverdad, ¿cómo son los medios sobre los que se apoya? Inmediatos, bidireccionales, al alcance de cualquier individuo y de dimensión global.
Precisamente es de la confluencia de todas estas características de donde surge esa posverdad, como fenómeno que describe aquellas situaciones en las que la interpretación de los hechos acaba desbancando al propio hecho objetivo.
Esta nueva realidad es un reto para las democracias avanzadas, pues amenaza con desplazar valores que hasta ahora eran firmes, (como imperio de la ley o la seguridad jurídica), por simples exaltaciones emotivas.
La facilidad con la que la información fluye a través de las redes sociales, en la que un acontecimiento corre como la pólvora de un lado al otro del planeta en cuestión de segundos, pone a prueba el sistema tradicional. Un sistema que hasta ahora tenía muy delimitado el papel de cada uno de los sujetos que intervenían en el mismo.
Nos encontramos ante un escenario de enorme complejidad, en el que confluyen varios derechos fundamentales que nos afectan, como emisores, como receptores y como fuente de información. Pero sobre todo, un escenario en el que el tradicional esquema Medio-espectador, se ha visto alterado.
La adaptación de los Códigos Éticos de la Prensa al salto tecnológico actual es un requisito fundamental, pero no suficiente, para hablar de Información de calidad.
Hoy, no sólo los medios, también los poderes públicos y la ciudadanía, hemos de participar de esa deontología, pues todos somos medio y todos formamos parte del mensaje.  Todos y cada uno de nosotros estamos llamados a respetar la ética de la veracidad y, por tanto, ser portadores de esa ejemplaridad de la que nos ha hablado Javier Gomá.
Poco se puede añadir, sobre todo tras su impecable intervención. Pero me gustaría compartir con vosotros una reflexión que el propio Javier realiza en una de sus obras, a propósito de esta ejemplaridad: “… predicar con el ejemplo significa que el ejemplo predica” pues esa persona ejemplar “es el único capaz de hablar a la conciencia y al corazón con toda la elocuencia, aunque sea un ejemplo silencioso”.
Creo que pocas reflexiones pueden exponer de manera más brillante el vínculo entre deontología y ejemplaridad. Y, por tanto, la unión entre la conciencia y la actuación ejemplar de cada uno.
Voy terminando ya. Pero antes quiero agradecer la invitación a este acto, que nos ha permitido reflexionar sobre el complejo momento que nos ha tocado vivir.
Decía Isaac Asimov que “Es el cambio, el cambio continuo, el cambio inevitable, el factor dominante de la sociedad actual ”.  Y qué mejor instrumento para guiarlo que la ética y la ejemplaridad.